Arístides Bastidas: una llama que aún alumbra el camino

26 septiembre, 2012

El Nacional

Acianela Montes de Oca

24 de septiembre 2012

Hay personas que parecen construir con sus vidas su mejor obra, un legado que nos recuerde que siempre podemos ser mejores. Arístides Bastidas (San Pablo, 1924-Caracas, 1992) es uno de esos personajes ejemplares. Es, como dice su discípula, la periodista Marlene Rizk, una llama que, a 20 años de su muerte, sigue alumbrando.

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Periodista incisivo, con grandes dotes para la investigación, ganó toda clase de reconocimientos, incluso galardones internacionales como el Premio Kalinga, que otorga la Unesco a divulgadores científicos de talla mundial.

Simultáneamente fue dirigente del gremio periodístico, al que legó el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, el Instituto de Previsión Social del Periodista así como también el Círculo de Periodismo Científico de Venezuela, institución que con 40 años de vida persiste en el objetivo trazado por Bastidas: agrupar y formar periodistas y divulgadores que democraticen el acceso al conocimiento científico.

Infatigable a pesar de las enfermedades que mortificaron su cuerpo durante toda su vida y que lo dejaron ciego, encerrado en una silla de ruedas y prácticamente mudo, Bastidas también creó organizaciones que luchaban por relacionar a las universidades con el sector productivo, y que aspiraban a lograr capacidades tecnológicas que permitieran el desarrollo humano del país.

El arte de divulgar. El “enano negro”, como llamaban sus colegas a este absorto melómano, devorador insaciable de libros, tenía una habilidad especial para llevar al “lenguaje del pueblo” (como lo llamaba) los códigos de la información científica. “Nadie más ha logrado divulgar la ciencia con la habilidad, el humor, la gracia y el compromiso de Arístides”, recuerda su compañera y biógrafa, la escritora y divulgadora Myriam Cupello. Su columna “La ciencia amena” que se publicó diariamente en El Nacional durante casi 20 años, así como sus 20 libros son el mejor testimonio de este don de la palabra que acompañó siempre al periodista yaracuyano.

Fundó una escuela de divulgación científica que echó raíces en toda Iberoamérica, conjuntamente con el querido periodista científico español Manuel Calvo Hernando, fallecido recientemente. “A partir de Arístides, las personas comunes y corrientes tuvieron la oportunidad de conocer, a través de un lenguaje diáfano y sencillo, los avances de la ciencia y la tecnología tanto en el ámbito nacional como internacional. Los periodistas aprendimos de él a transcribir, a interpretar y a escribir, pero también aprendimos de su tesón y perseverancia para hacer del periodismo científico una especialidad”, cuenta Arlette Danglades, ex directiva del Círculo de Periodismo Científico de Venezuela y periodista de la Facultad de Ciencias de la UCV.

La Brujoteca. En esa “escuelita pirata”, como la llamaba Bastidas y que tuvo su sede en El Nacional, se formaron cerca de 40 periodistas (algunos de los cuales aún cultivan la especialidad). Uno de sus alumnos fue el periodista ambiental Asdrúbal Barrios, director de la revista Mundo Viviente.

Barrios, a 20 años de la partida de Arístides, lo recuerda vívidamente, en su oficina en El Nacional, conocida como la Brujoteca, siempre el primero en llegar y el último en salir en el día a día del viejo rotativo de Puerto Escondido.

“El episodio que más me impactó en mi afortunado paso por la Brujoteca fue cuando lo llevé a una de sus consultas médicas en 1986. Ese día un joven médico lo recibió diciéndole que había consultado toda la literatura médica occidental sin haber encontrado remedio para su mal. `Ve a ver si corres mejor suerte con tus camaradas rusos, chinos y cubanos’, le dijo medio en serio, medio en broma. Sin amilanarse, Arístides reaccionó: `Yo nací artrítico y soriático, después me partí las piernas en un accidente de tránsito, la cortisona me dejó ciego y casi sin voz… Qué son para mí unos pobres papilomas en la garganta’. Y tras el fulminante comentario dijo, sacándole rápidamente el freno de mano a su silla de ruedas: `Vámonos, Asdrúbal, que hay trabajo pendiente’. Este era Arístides Bastidas”, concluye Barrios.

Espantar talentos. Indomable, fanático del trabajo, alertaba a los gobernantes de los años ochenta que había que crear incentivos para que los jóvenes investigadores se quedaran en el país: “Nuestros talentos no se fugan: los espantamos”. Igualmente insistía en la importancia de vincular el conocimiento con el sector empresarial: “Tecnología es productividad, productividad es dinero y con ambos bienes podemos neutralizar nuestras emergencias sociales”, clamaba en el desierto.

Luis Moreno Gómez, periodista científico amigo de Bastidas, reconoce que extraña los textos de Arbas, como también lo llamaban: “La divulgación científica que trabajó Arístides Bastidas sigue demandando de sus alumnos y colegas continuidad y apego”.

El actual presidente del Círculo de Periodismo Científico de Venezuela, Luis Miguel García, se atreve a retratar a Bastidas con una palabra: “Esa palabra sería voluntad, voluntad en acción. Su ejemplo de vida es su mayor legado”.

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