La Facultad de Ciencias de la UCV y su aporte al desarrollo de la ciencia venezolana*

5 abril, 2018

Mural de Mateo Manaure en la Facultad de Ciencias- UCV

La Facultad de Ciencias de la UCV y su aporte al desarrollo de la ciencia venezolana*

Yajaira Freites
Presidente electa de la AsoVAC Nacional

Comenzaré por una experiencia personal. En 1958 era una niña que regresaba  al país, con mis padres, que habían vivido su exilio entre Guatemala y Costa Rica.  Comenzaba para mí un descubrir a mi patria, Venezuela; la cual había dejado con apenas 4 años cuando  vivía en San Felipe, una pequeña ciudad en un estado netamente agrícola, aun hoy en día, como es Yaracuy.

Es posible que ese descubrir a mi patria, Venezuela, me haya marcado e influenciado mi gusto hacia su historia, que en ese momento como hoy en día, ha estado dominado por la visión de la gesta de la independencia, las actividades de los militares y de los político, habiendo poco  o ningún espacio para referirse a la gesta de los civiles: los hombres de letras, arte, música y obviamente, los de ciencia. Que me iba a imaginar en 1958, que luego 60 años después, Uds. me invitarían para celebrar la fundación de una institución creada en ese año y a referirme acerca de cuál ha sido su aporte a la ciencia del país.

Tampoco me imagine que yo  representaría a una asociación como la AsoVAC fundada en 1950, y que este año celebra su sexagésimo octavo (68) aniversario. No puedo dejar de reflexionar también sobre ello. Yo una mujer, un sociólogo devenido en historiador de la ciencia, estaría hablando en un evento que celebra el aniversario de nuestra primera facultad de ciencias, en nombre de una sociedad, cuyos fundadores fueron todos hombres.

Mucho ha cambiado el país.  Y esta Facultad ha contribuido a ello.

La Facultad de Ciencias fue el sueño de hombres que a finales de los años cuarenta del siglo XX juzgaban que el país debía producir nuevo conocimiento per se en la biología, química, física y matemática; pues ciencia ya venían haciéndolos en el campo de la medicina, la química, la botánica, la microbiología humana y animal, entre otros, pues existían el Instituto de Investigaciones Veterinarias, el Instituto Nacional de Higiene, el de Medicina Experimental,  por ejemplo.  Se trataba de formar a un investigador profesional que se ocupara de  indagar en los campos de las llamadas ciencias básicas, lo cual no era posible desarrollar en los contextos ministeriales  que el mismo Estado venezolano desde 1936 había creado para incentivar la producción de conocimiento que posibilitara la realización de sus políticas sociales en el campo de la alimentación, salud, agricultura y ganadería y la construcción de la infraestructura del país: carreteras, puentes, embalses, represas, sistemas de riego, distribución del agua y deposición de las aguas negras o servidas.

Se trataba entonces de un nuevo profesional de la ciencia, que debía formarse en otros escenarios distintos a las carreras de ese entonces: medicina, farmacia, odontología, ingeniería, agronomía y veterinaria. Y para ello era preciso que tuviera un espacio propio para formar a ese nuevo universitario que sería  investigador en  biología, física, química o  matemática. Lo cual iba en contracorriente del parecer de una buena parte de la elite política y cultural de ese momento, que no entendía como un país, con tantas falencias y subdesarrollado, se podía ponerse a investigador “las verdades profundas de la ciencia” como decían las viejas en ese entonces. Había que ser realista, modesto con nuestras posibilidades y sueños.

La historia reconoce a Tobías Lasser, discípulo del botánico Henri Pittier, el haber puesto en el papel la idea de crear una Escuela de Ciencias en 1946 en la UCV.  Y si para ese entonces Pittier viviera le habría reprochado al joven Tobías, la osadía de su idea, pues él había criticado en 1932  la actividad astronómica del incomprendido Luis Ugueto, director del Observatorio Cajigal pues considera que  era una pérdida de tiempo en un país como el nuestro.

Pero en ese entonces los jóvenes profesionales venezolanos, tenían una fe inquebrantable  sobre las posibilidades del país y obviamente de ellos mismo, y por supuesto, Lasser no se amilanó; y le escribió a la junta cívico- militar (1945-1947) encabezada por Rómulo Betancourt que gobernaba el país, posiblemente ocupada en otros asuntos, increíblemente le contestaron acogiendo la idea, pero  la nueva institución debía funcionar en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (luego Ingeniería), esperando que a futuro pudiera crearse una facultad como tal, tarea que los ingenieros cumplieron. Entonces debemos agradecer  a la Ingeniería esa comprensión hacia la semilla de esa nueva Facultad. Y en este punto, los ingenieros fueron más comprensivos que los médicos, por ejemplo, con este proyecto.

Pero Lasser no estaba solo. Él se reunió a otros  jóvenes como Francisco DeVenanzi, Luis Manuel Carbonell, Humberto García Arocha, Jesús María Bianco y otros no tan jóvenes como Augusto PiSuñer,   y se les ocurrió crear la  Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia, AsoVAC; ya había diversas sociedades por disciplinas como la medicina, veterinaria, ingeniería, pero no una que abarcara a todos los campos de ciencia. Así  en un salón de la actual sede de La Cruz Roja en San Bernardino el día 20 de marzo de 1950 se firmó el acta constitutiva de AsoVAC. Ninguno de ellos era un profesional de las ciencias básicas, había médicos, farmaceutas, agrónomos, algunos tenían experiencias de investigación, otros no.

La idea de una Escuela de Ciencias, también recogida por Humberto Fernández Morán en su proyecto del Instituto Venezolano de Investigaciones Neurológicas y Cerebrales (IVNIC), que aspiraba que funcionara como parte de este. Pero de la idea de una escuela se pasó a una facultad de ciencias que se convirtió en parte central del proyecto de AsoVAC para impulsar la ciencia en el país, a través de  impulsar el desarrollo de la investigación como parte  de la modernización de la universidad venezolana que se venía impulsando ya desde 1936. La AsoVAC mantuvo vivo el proyecto en sus discusiones y propuestas mostrando la conveniencia de que el país, contara con biólogos y botánicos formados como tal, de químicos que no se confundieran con los farmaceutas o los curiosos de las lavanderías que creaban los detergentes, por ejemplo. Y que las matemáticas no solo fueran del monopolio de los ingenieros interesados en los cálculos.

La caída de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, abrió oportunidades y los hombres de AsoVAC las aprovecharon. Y gracias al profesor Edgar Sanabria presidente de la Junta de Gobierno de transición,  se promulgó el Estatuto de autonomía de la UCV, y dio la posibilidad de usar esa autonomía para que la misma universidad se modernizara, asumiendo la libertad de cátedra y de investigación, se pusiera en práctica el escalafón del profesor, ahora era concebido como docente-investigador, la organización del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH), que también está de aniversario; y finalmente la creación de la Facultad de Ciencias integrando en sus seno las escuela de biología, física y matemáticas alojadas en Ingeniería, y el grupo de química proveniente de Farmacia.  Años más tarde, gracias a la iniciativa de Manuel Bemporad,  fundador de la Escuela de Física, se organizaría la Escuela de Computación (1975).

La Facultad de Ciencias se convirtió en un referente para las restantes universidades nacionales como la ULA, LUZ, UC; y de algunas universidades experimentales al crear sus departamentos de ciencias.

Al contrario del IVIC, organizado también en esa época, y dedicado exclusivamente a la investigación, en “Ciencias”, la  combinación de la docencia e la investigación, inauguraba un nuevo estilo dentro de la educación universitaria, que el escalafón  proponía, pero que difícilmente las distintas facultades podían llevar a cabo de inmediato; pero en Ciencias, la idea de un profesor investigador “calo” rápidamente, no era posible enseñar ciencia a nivel universitario, si no era por los ejemplos de investigación, que se extraían de la lectura de las separatas de trabajos de investigación que se publicaban en las distintas revistas arbitradas, del propio ejercicio en el laboratorio y de los trabajos de campo, estimulado por el ejemplo mayoritario de los profesores de la Facultad que hacían investigación. Y  este es otro aporte de FC-UCV.

Así que ese ejemplo puso el parámetro, la “vara”, bien alto tanto para el resto de las otras facultades dentro de la propia UCV, como para las otras Universidades interesadas en seguir el ejemplo de la UCV: tener una facultad de ciencias…, pues no se la podía organiza, para que solo se impartieran clases de biología, química, física o matemática sino se investigaba a la vez. Y es por ello, que en el extenso y vario pinto sistema universitario venezolano, solo existen en facultades de Ciencia en la ULA, LUZ, UC, y los departamentos de ciencias de la USB y de la UDO. Y parece ser en las instituciones que hay una Facultad de Ciencias se introduce una sana competencia que redunda en la calidad y excelencia de los resultados de la investigación.

La Facultad de Ciencias de la UCV continuó la graduación de la otrahora Escuela de Ciencias que graduó los primeros biólogos, ahora se agregaron los químicos, los físicos y los matemáticos; y la mayoría de los jóvenes que querían iniciarse en las ciencias básicas se peleaban por venir a la  UCV, y hoy en día, es un orgullo para cualquiera de sus egresados decir que se graduaron en FC-UCV. Así que esperamos que la Facultad siga graduando a una parte de nuestros profesionales de las ciencias básicas en el siglo XXI.

No puedo dejarme de referirme a los guarismos de la producción científica del país. Durante casi treinta años el IVIC, unos 80 investigadores dedicados en la investigación y la docencia de postgrado, estuvo a la cabeza de las estadísticas de los artículos publicados a nivel internacional medido por el Science Citation Index; pero la UCV lentamente la sobrepasó, lo cual muestra que el ideal del profesor investigador se fue asentándose en la Institución y el fruto era la publicación científica, y FC ha tenido en ello una importante contribución a ello.

Desde el punto de vista de la historia de la ciencia en Venezuela, la Facultad junto con el IVIC y la propia AsoVAC, es uno de los pilares sobre las cuales se desarrolló la ciencia venezolana a partir de 1958. Y ese es otro de sus aportes.

 

*Discurso pronunciado en el LX aniversario de la Facultadad de Ciencias de la UCV, Sala Tobías Lasser, 3 de marzo de 2018.

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